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Jorge Gustavo Sansores Jarero

¿El único traidor?

El discurso tiene que ser congruente, y más cuando el expositor habla de traiciones, pero pertenece a un partido político conformado, en su mayoría, por quienes traicionaron a otros. En su pasado programa de Facebook, la gobernadora Layda Elena Sansores San Román confirmó el chisme político que ya había corrido días antes en la entidad: el diputado federal por Movimiento Regeneración Nacional (Morena), José Luis Flores Pacheco, traicionó a su partido durante las pasadas elecciones del 2021.

Desanimada, triste, acongojada y cabizbaja, la mandataria aseguró que la deslealtad de Flores Pacheco “fue una bofetada, como una patada en la cara… hay un traidor en casa y eso, qué duro es”. Y de ahí en adelante, durante seis minutos, todo fue dolor y molestia porque el legislador federal sostuvo conversaciones —vía WhatsApp— con el líder nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro Moreno Cárdenas.

Que el secretario general de Gobierno, Aníbal Ostoa Ortega, confió en José Luis Flores, a quien tenía en su círculo cercano y por ende el ahora diputado federal obtenía información que, de acuerdo a las pláticas presentadas en el show, vertía al presidente del PRI, afirmó Sansores San Román. Y que quien traiciona una, traiciona dos veces, sostuvo.

Pero a la gobernadora —según sus palabras— ya le había advertido una correligionaria, desde hace mucho tiempo, que José Luis iba cada mes al cuarto piso del Palacio de Gobierno, presuntamente a buscar un “apoyo” económico. Y ella no lo creyó. Siguió confiando en su joven político, que para ese entonces era líder de la bancada en el Congreso del Estado y protegido del actual secretario general de Gobierno, Aníbal Ostoa Ortega. ¿Era el único morenista que pasaba por su sobre manila?

Hace al menos tres años circuló una fotografía del ahora traidor, llegando a la Secretaría de Gobierno. Todos los involucrados en la política, de todos los partidos de Campeche, vieron la foto y opinaron lo que era evidente. Es increíble que en Morena no pudieran razonar lo que ocurría entre el entonces legislador local y el Gobierno Estatal o bien, que ahora digan que no sabían. Y como él, hubo otros morenistas, hombres y mujeres, que pasaban por su apoyo mensual y ahora ostentan cargos en el gabinete estatal. Seguramente tampoco saben.

De esos que también recibían dinero en pasadas administraciones, le corresponderá a la gobernadora investigarlos y exhibirlos como hizo con José Luis Flores, al menos que no le convenga o crea que puede confiar en ellos. Porque el pecado es el mismo, y nada le garantiza a Layda Sansores que no hayan filtrado información durante la campaña o actualmente. Tal vez por otros medios, pero con el mismo fin.

El enojo de la mandataria estatal se centró en Flores Pacheco, porque entraba a las reuniones donde planeaban las estrategias de su campaña, desde donde también apoyaban al ahora traidor para hacer la suya rumbo al Congreso Federal. Y entonces este, aparentemente más inteligente, también recurría a Moreno Cárdenas para cimentar su triunfo. Pero José Luis no es el único que estaba en las reuniones, y tampoco creo que sólo él compartiera datos.

En su programa, la gobernadora presentó supuestas pláticas entre Alito Moreno y José Luis, en las que había una lista de pedidos a favor del entonces candidato morenista, aunque no se sabe si fueron cumplidas todas sus solicitudes. Pues aunque entrara a las reuniones de la cúpula de Morena y enviara información a la oposición,

habría que confirmarla. Y para eso, sin duda, es necesario otro traidor que verifique. ¿U otros? ¿Pero quiénes? ¿Ya tendrán idea? ¿O son amigos y prefieren únicamente sacrificar a Flores Pacheco?
Y por supuesto que a Sansores San Román le duele la traición, se nota, pero también dejó muy claro que confía en quien no debe y protege sólo a los que quiere. Si ya le habían advertido, ¿por qué no actuó en consecuencia? ¿Tanto peso tiene Ostoa Ortega, protector de Flores Pacheco, para que la mandataria no intervenga? ¿No sabía el ahora secretario lo que ocurría entre su pupilo y el líder nacional del PRI? No sorprende que José Luis Flores destaque como experto del engaño, pues tuvo buen maestro.

En su defensa, el diputado federal traidor y exalumno de Aníbal Ostoa, asegura que fue amenazado y que hasta sufrió violencia psicológica, que lo llevó a actuar de esa forma para evitar que dañen a su familia. Pero no explica de dónde provino el amedrentamiento, ni de qué tipo, mientras que responsabiliza a la gobernadora —de forma sutil— por algún tipo de violencia en contra de sus seres queridos. Que astuto el diputado.

Tal vez el radar del Gobierno de Layda Sansores no funciona, pues las traiciones siguen. Lo dijo bien el pasado martes, que quien traiciona una, traiciona dos veces, y Sansores San Román está rodeada de traidores. ¿O acaso los expriístas y expanistas de su gabinete no traicionaron a sus partidos? ¿No llevaron información y usaron sus redes políticas para apoyar el triunfo de la morenista? ¿Y no piensa que se le pueda revertir?

Interesante será ver, si es que se atreve a hacerlo, que la gobernadora exponga a los demás traidores, esos que filtran información, que están creando grupos de choque al interior de Morena y del Gobierno Estatal para desequilibrar a su administración, y entonces tomar las riendas del partido rumbo al 2024.

Porque no todo el que sale a aplaudir y defender el proyecto de Layda Elena Sansores lo hace con sinceridad. Muchos de ellos, provenientes de otros Estados e institutos políticos, son paleros y lo único que quieren es mantener su presencia para buscar lugar en la próxima boleta electoral. Son traidores, “y los traidores apestan”, tal como vertió el pasado martes la mandataria.

La traición de José Luis Flores Pacheco —quien se autoerige como perseguido político— debe encender los focos rojos del cuarto piso, pues apenas va un año de Gobierno y parece que Sansores San Román ya no puede confiar en nadie. Aunque, supongo, seguirá en su misma tónica para intentar esconder su vulnerabilidad política, que ya está más que comprobada.