Tribuna Campeche

Diario Independiente

Diálogo en el infierno: !Aquí y ahora!

Manuel R. Gantús Castro

Entre relámpagos, truenos y rayos se encontraron en el camino hacia el averno, la presidenta y el educador. Ambos sorprendidos por tal coincidencia que los igualaba en la desgracia del mal trabajo hecho.
Hola Raúl, no me esperaba encontrarte por aquí, aunque te confieso que yo menos pensé que algún día terminaría en este camino.
Yo tampoco, señora Bibelot, pero ya usted sabe que en esto de la política todo puede sucedernos y sin darnos cuenta, caer en desgracia… Así me ha pasado injustamente y aunque mis antecedentes en el campo de la educación no fueron tan malos y que por ello, pensé, me ofrecieron esa Secretaría, con todo y eso me mandaron a dar clases al infierno.
Se olvidaron de mis logros en el sexenio del exembajador en Paraguay, en el cual implementé el regalo de bultos, cuya duración era efímera pero que en algo servía; y qué decir de los zapatos para los educandos, que completamos con el jingle: “La educación por los pieceses entra”, con lo que borramos del colectivo aquél otro de “La letra con sangre entra”… qué tengo que decirte, mi querida Bibelot, que ni cuenta se habían dado de tan importante y magnífico cambio.
Y qué pronto olvidaron mi máxima creación (aunque las anteriores también lo fueron), me refiero a la de los niños vigilantes.
Implementamos videos de cuerpo entero y voz severa en los cuales se les advertía a los chamacos destructores de los juegos infantiles, que más les valía dejar esas acciones irresponsables porque ellos, los niños vigilantes, estarían atentos, obviamente vigilando, para evitar esos hechos canijos de lesa parvulés.
Y no sólo eso, les dimos estrellitas y diplomas ad hoc que junto con los uniformes tipo boyescautes, los hacían sentirse seriamente calificados. Lo que nunca pensamos los provos inventores de tal show, es que algunos de los chavos destructores se pitorreaban de los señalamientos de los “vigilantes” a los que mandaban al infierno con nada agradable letanía y amenazados de violencia física.
Sin embargo ahí quedan los hechos para la posteridad de la educación en nuestra tierruca.
La señora, secándose las lágrimas ante el relato y con un dejo de solidaridad para el parlante, le dijo: Ni modo, compañero de infortunio, ya tu vez mi caso también.
Muchas falsedades y difamaciones se han escrito respecto a mi trabajo como presidenta, ya me esperaba parte de eso, pero esto último, después de visitas a diversos fraccionamientos y escuchar de “viva voz” a los clientes… perdón, a los ciudadanos con sus justos, justísimos reclamos, implementamos medidas ad hoc que creímos aliviarían la problemática, que no resolvería, solo aliviaría, y por lo tanto, eso no se entendió y ahora por esos añejos reclamos que pasaré a contarte, estoy en el camino al infierno.
Pues mira, compañero en desgracia, a principios de año, más o menos, decidí acudir con mis funcionarios a la colonia Bosques de Campeche por los reclamos de sus habitantes.
Básicamente se referían a problemas con los perros callejeros; cuidados de las calles (limpieza); el tráfico vehicular y la existencia de un muladar, un foco de fauna nociva con hierba sin control y falta de una barda que limitara ese espacio, además de luminarias incompletas.
De viva voz escuché las demandas y giré instrucciones al respecto.
Todo mundo quedó satisfecho, pero la realidad a seguir fue otra. Después de la visita y las promesas, al día siguiente se apersonaron unas señoritas muy amables para darles sus celulares y explicarles que la limpieza de las calles era obligación del Ayuntamiento, etcétera.
Del “muladar”, como simpáticamente lo calificó un ciudadano, resultó que el dueño es un extranjero de Yucatán al que le vale un comino limpiarlo y bardearlo. Se optó por bardear sin barda, con una malla que ahora está en vía de destrucción, y el foco de fauna nociva persiste con invasión de ratoncitos, ratotas, cucarachas, etcétera.
De los perros intentamos algo pero como no tenemos guardería o perrera, pues todo siguió igual. Por eso y otras cosas como el “bacheo” de pésima calidad, aunque las fotos mostraban que yo bacheaba, los huecos persisten.
Y el dedo elector decidió que por tantas fallas, el infierno era lo merecido y aquí estoy, estamos, mi colega en desgracia.
Ambos exhalan profundamente y agarrados de las manos y tarareando aquella canción que diche achi: Vamos a ver al gran Mago de Oz, de Oz, de Oz… se encaminan al averno mientras relámpagos, truenos y rayos iluminan el camino… sin arcoíris al final.
Vale.

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