Tribuna Campeche

Diario Independiente

RATA ABUSADORA

Ocupar la silla principal del Palacio del reino de la Culebra y la Garrapata, provocó en la heredera del Sátrapa Negro un cambio radical en su forma de ser. O más preciso: sacó a relucir su verdadero yo, el cual se encontraba recubierto con toneladas de maquillaje e hipocresías.

De aquella candidata que abrazaba a los ancianos y besaba a los niños, que se acercaba a platicar con los más pobres para ofrecerles un mejor futuro, que caminaba libremente por las calles en busca del respaldo popular, ya investida de gobernante se transformó en una mandataria cerrada, grosera, ofensiva y vengativa, que empezó a desenterrar sus viejos rencores para ir por la cabeza de sus enemigos, adversarios o simples contrapartes.

Para quienes la consideraban surgida de los vientos de la izquierda, les demostró que sus intereses son en realidad su única ideología, por lo que en sociedad con los señores feudales del reino, empezó a sacar de sus tierras y de sus humildes chozas de palos y cartón a los proletarios, campesinos y colonos a quienes un día les prometió que “para los pobres daría lo mejor…”

No hubo tal. A base de garrote, con los soldados del reino, y los jueces sumisos a sus dictados, emitiendo órdenes de cárcel para los proletarios, se fue apoderando  poco a poco de sus tierras para enriquecerse aún más de lo que ya era, gracias al desmedido saqueo de su progenitor.

A los juglares que denunciaban en la plaza los abusos de su mandato, los mandó silenciar ofreciéndoles migajas de lo que estaba saqueando, a fin de narrar historias diferentes y que nadie se enterara de sus desmanes. Unos cayeron. Otros no.

Hubo quienes, guiados únicamente por la luz de la verdad, continuaron narrando en la tribuna pública con valentía y arrojo, los excesos de una gobernante que no sólo había perdido la razón, sino que además había extraviado el rumbo y estaba llevando a este reino a los niveles más bajos de la ruina y de la miseria.

Otros heraldos proclamaron fuera del reino los constantes abusos de la gobernante y difundían con regular frecuencia sus cantos en que narraban que a la Rata de cabello rojo el pueblo no la quería, que la repudiaba, que la tildaba como mentirosa, ladrona, deshonesta, cuatrera, saq ueadora, mangante y arbitraria.

Contra ellos mandó entonces a su ejército de leguleyos para silenciarlos. Ordenó que les confiscaran sus bienes para que no tuvieran el sostén que les permitiera continuar con su denuncia pública y los acusó de odiarla por el simple hecho de ser mujer, olvidando que en su transmutación más reciente, se había convertido simplemente en una rata…

(Continúa…)

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