Tribuna Campeche

Diario Independiente

García Márquez, su pasión original: el cine

SEGUNDA PARTE

 Vinieron después el argumento de “Cuatro contra el crimen” (1968), de Sergio Véjar, y los guiones de “Patsy, mi amor” (1968), de Manuel Michel; “Presagio” (1974), de Luis Alcoriza, y “La viuda de Montiel”, del chileno Miguel Littin, quien recuerda: “Lo conocí en París en 1974 y le comenté que deseaba filmar algunos capítulos de ‘Cien años de soledad’. Él me dijo que en su libro ‘Los funerales de la Mamá Grande’ estaba el cuento ‘La viuda de Montiel’. Enseguida expresó: ‘Si te gusta bien, si no, chíngate’. Nos reímos mucho”.

A finales de los años 60 Jaime Humberto Hermosillo aparece en el camino del escritor. García Márquez ya le había dado clases de guión hacia 1967 en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), pero es en 1979 cuando Hermosillo rueda “María de mi corazón”, una idea de su otrora profesor, y en 1988 adapta el cuento “El verano feliz de la señora Forbes”.

–¿Cómo fue que surgió María de mi corazón? –se le pregunta al realizador.

–García Márquez leyó algunas críticas sobre “La pasión según Berenice” (una película de Hermosillo). A través de Tomás Pérez Turrent pidió que me pusiera en contacto con él. Me dijo que quería ver ese largometraje y organicé una función. Él ya no recordaba que yo había sido su alumno, habían pasado muchos años. Luego me pidió ver todo mi trabajo y se lo mostré.

“Cuando acabó de verlo me dijo que tenía una historia que proponerme. Era una idea que aún no había escrito. Entonces me contó la semilla de ‘María de mi corazón’. No escribiría nada del guión porque no quería distraerse, creo que estaba trabajando en ‘El general en su laberinto’. Nos reuníamos alrededor de una o dos horas por las tardes, una vez por semana”. Terminada María…, le obsequia “El verano de la señora Forbes”.

En aquellos años comenzó a gestarse también la colaboración con Felipe Cazals, quien había conocido a García Márquez en casa del historiador García Riera a finales de los años 60. “Frecuentaban estas reuniones María Luisa Elío, Jomi García Ascot, Albita y Vicente Rojo, Teodoro González de León, Julián Pastor y muchos otros. Eran tardeadas, digamos, memorables…”, rememora Cazals.

“En 1976 Gabo me propuso adaptar ‘El año de la peste’, actualizado a nuestros tiempos. Propuso que colaborara un tercer guionista que fuese joven y sin experiencia en la materia. Abrimos una convocatoria con una sola condición: redactar en una sola cuartilla la sinopsis del libro de Daniel Defoe. Recibimos una avalancha de respuestas y el ganador fue Juan Arturo Brennan; sin duda esta nueva experiencia anunciaba la gran preocupación de García Márquez por el fomento y auspicio académico para los futuros nuevos realizadores y guionistas latinoamericanos.”

–¿Cómo fue trabajar con el creador de “El amor en los tiempos del cólera”?

–Resultaba muy complicado. No existía Internet y en cada avance del guión era necesario alcanzarlo en Barcelona, Madrid o en Cartagena o, cuando menos, en Cuernavaca. A principios de 1977 terminamos el guión. El Banco Cinematográfico asignó el proyecto a Conacite II.

La película se filmó en 1978 y se exhibió al año siguiente. “En 1980, el filme ganó los Arieles y las Diosas de Plata. Nuestra amistad no varió ni un centímetro. Al paso de todos estos años y gracias a la voluntad de cohesión de Jorge Sánchez, seguimos reuniéndonos con frecuencia en casa de Pedro Armendáriz Jr. Comidas debidamente salpicadas de buen humor y anécdotas invaluables. En alguna ocasión, Julio Scherer García participó con el ánimo que lo caracteriza”.

Con Jorge Fons también contribuye a finales de los 70, en una película sobre Vietnam. “En 1979, una vez que organizamos el material que grabamos en Vietnam, nos sentamos Vicente Silva, Luis Carrión, Gabo y yo a trazar el guión de ese documental, Así es Vietnam. Fue una colaboración emocionante, con un Gabo que, pensativo, guardaba largos silencios y luego soltaba ideas a mil por hora.

García Márquez, un maestro del realismo mágico, siguió creando guiones, con años muy productivos pero largos intervalos en los que se dedicó a otras cosas. Así, redactó los textos para “Milagro en Roma” (1988), de Lisandro Duque Naranjo; “Fábula de la bella palomera” (1988), del brasileño Ruy Guerra; “Cartas del parque” (1988), del realizador cubano Tomás Gutiérrez Alea, Titón; “Edipo alcalde” (1996), del colombiano Jorge Alí Triana, y “Los niños invisibles” (2001), también de Duque Naranjo.

García Márquez y Ripstein volverían a colaborar en 1999, cuando, a propuesta del colombiano, Ripstein dirigió “El coronel no tiene quien le escriba” (1999), en adaptación de Paz Garcíadiego: “En Cartagena, en uno de sus cumpleaños, me preguntó que por qué no rodaba ese libro. La película la produjo su compañía, Amaranta, que García Márquez tenía junto con Jorge Sánchez (ahora director del Instituto Mexicano de Cinematografía). Ya era un hombre muy ocupado. No intervino en nada. Ya no lo veía”.

–¿Por qué ya no siguieron escribiendo guiones juntos? –se le pregunta al realizador mexicano-español.

–Porque se volvió García Márquez. Me acuerdo gratamente del tiempo que trabajamos juntos; después él se fue por un rumbo y yo por otro muy pequeñito. Ya no había nexo.

En 2007, Carlos Fuentes relató, en Cartagena de Indias, el alejamiento de García Márquez respecto del cine: “Un día, echados en la eterna primavera del césped de mi casa en el barrio de San Ángel, Gabo pudo preguntarme: ‘Fontacho, ¿Qué vamos a hacer? ¿Salvar al cine mexicano o escribir nuestras novelas?”. Se dio cuenta de que el cine estaba lejos de ser su “válvula de liberación de mis fantasmas”, como alguna vez pensó.

 

Sus obras en celuloide

En los años 80 empezaron las adaptaciones de las obras de Gabo, como “El mar del tiempo perdido”, por parte de Solveig Hoogesteijn; “Crónica de una muerte anunciada”, a cargo de Francesco Rosi; “Un señor muy viejo con unas alas enormes”, dirigida por Fernando Birri; Edipo Alcalde, de Jorge Alí Triana; “El coronel no tiene quien le escriba”, de Ripstein; “El amor en los tiempos del cólera”, realizada por Mike Newell; “Del amor y otros demonios”, de Hilda Hidalgo, y “Memorias de mis putas tristes”, de Henning Carlsen.

Sin embargo, siempre se negó a que su famosa novela “Cien años de soledad” fuera reinterpretada por el séptimo arte, como le confesó al director japonés AkiraKurosawa.

Columba Vértiz de la Fuente