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Charanga, parte muy importante de nuestro folclor

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Mi mayor satisfacción es la música, y la charanga es la parte más importante del folclor campechano, por lo que si deja de existir significaría el fin de una tradición de más de 80 años que ha cultivado mi familia, expresa Angelita Ríos Sáenz.

Con 73 años de edad, recuerda nostálgica que a los 13 surgió en ella la inquietud por la música, y sonríe al afirmar que seguirá en este ambiente hasta que la vida se lo permita. Así lo he decidido, y así será.

En la calidez de su hogar, ubicado en la calle Galeana del barrio de San José, Angelita Ríos abre también las puertas de su corazón, y relata: “La charanga fue fundada por mi papá Francisco Ríos González, durante el gobierno de Carlos Sansores Pérez, y al fallecer tomó las riendas Ana María Ríos Sáenz. Siguió la tradición como uno de los grupos artísticos del Gobierno del Estado”.

“La charanga fue una herencia de mi padre, y seguiré promoviéndola hasta el último día de mi vida”, sostiene entusiasmada, fija la mirada en su interlocutor, suspira, y agrega orgullosa que sigue interpretando estampas del folclor campechano, como las fiestas del palmar y del sarao.

De acuerdo a datos históricos, desde 1815 se celebraba en Campeche el sarao (palabra de origen portugués adoptada en España cuando ambos países formaban una sola nación), cuyo significado es fiesta de gran gala con música y danza.

Mi padre Francisco Ríos —prosigue—, plasmó en notas musicales cada melodía que en sus tiempos tarareó Zoila Quijano MacGregor, en especial El Pregonero, dando lugar a una mezcla de sonidos de timbales, trompetas, saxofón, clarinete, rascabuche y trombón, que hoy forman parte de nuestro folclor.

A lo largo de los años, relata, la música se sigue ejecutando igual. Sólo he visto cambios en la forma de ejecutar cada baile, pues cada coreógrafo tiene su propio estilo.

Son 28 las piezas que conforman las fiestas del palmar y el sarao, entre las que destacan La guaranducha campechana, Pichito amoroso, Campechanita, Fandango, La Malagueña, Jarabe Cubano, Rondeña, Chancletitas y aires regionales y Angaripola o almudes, con sus ritmos de tres por cuatro y seis por ocho. Esto significa la velocidad en el movimiento de los pies.

RESCATE

DE TRADICIONES

Mi charanga —retoma Angelita Ríos— promueve la cultura y el rescate de tradiciones religiosas y de fiestas populares, como la cabeza de cochino y el paseo del Niño Dios.

“La charanga de la dinastía Ríos ha recorrido casi toda la República Mexicana, y ha trascendido fronteras al tocar en países como Ecuador y Argentina”, expresa sonriente, al tiempo que muestra con orgullo algunos de los discos que ha grabado su agrupación.

Las generaciones que han llevado esta tradición musical son las familias Ríos González, Ríos Sáenz y Dzib Ríos, y está por unirse la cuarta generación a través de la familia Dzib May, que tiene en el trompetista Ángel Leonardo al más joven de la agrupación.

Es necesario que los gobiernos apoyen para que la tradición de la charanga no quede en peligro de extinción, pues es parte de nuestra esencia como campechanos, asevera. Hay que repetirlo de manera constante, para que no se olvide, para que esta música no desaparezca.

En escuelas de educación artística tienen a la charanga como opción de acompañamiento. Es decir, no han analizado la valía de contar con una agrupación para darle más vida a esta cultura musical, señala Ríos Sáenz. Y nostálgica concluye: de todas maneras hay mucho por hacer. Y podemos hacerlo.

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