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Entre magisterio y notas musicales

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Concretar proyectos hasta que la vida se lo permita y que sus hijos que sean solidarios, respetuosos, unidos y valoren lo que tienen, porque al morir sólo se llevarán sus obras, buenas o malas, es lo que alienta a Sonia Esther Santos Rico, maestra de secundaria, empresaria de bienes y raíces y ama de casa, quien a sus 75 años de vida recuerda con cariño y nostalgia a su extinto esposo, Jorge Carlo Chacón, por quien conoció el mundo de la música.

Hija del comerciante Ezequiel Santos (+) y Blanca Estela Rico Alba (+) y hermana de Elsy (+), Silvio (+), María Elena y Ronald, nos recibe en la comodidad de su hogar e invita a la sala a tomar asiento, cerca de un árbol de Navidad adornado con esferas rojas, campanas, estrellas y flores de Nochebuena amarillas y lazos de los citados colores.

Casó a los 15 años de edad con Jorge, con quien procreó 12 hijos: Ligia Corazón, Sonia Amparo, Blanca Gabriela, María de la Cruz (+), Jorge Javier, Arturo Martino (+), Candelaria de Lourdes, Diana del Jesús, Luis Alejandro, Carlos Enrique, Tomás Roberto y Laura Marialina Carlo Santos.

Sonia Esther comenta que nació y creció en la casa ubicada en la avenida República número 88, junto a ex Autobuses del Sur en el barrio de Santa Ana. Estudió la primaria en la “Justo Sierra Méndez” y la secundaria y la carrera  en el Instituto Campechano.

Recuerda que como maestra laboró en Mérida, Yucatán; en Balancán, Tabasco y en nuestra entidad. Con su esposo impartió clases particulares a jóvenes que ingresarían a la secundaria o que habrían reprobado alguna materia.

Vestida con blusa café, falda en el mismo color con flores blancas y sandalias que hacenjuego con la tonalidad predominante, suspira y esboza una sonrisa. Y añade: “Con mucho esfuerzo, y con el valioso apoyo de Jorge Carlo, compré casas y terrenos que se convirtieron en patrimonio de bienes y raíces y económico para sacar adelante a nuestros hijos”.

 

LA INFANCIA

—¿Cómo fue su niñez?, se le pregunta.

—Qué tiempos. En esa época montaba bicicleta en compañía de unas amigas, desde El Tropezón hasta la Casa de los ex Gobernadores, y mi mamá Blanca nos vigilaba sentada en su sillón que colocaba en la puerta de la casa. A veces jugaba agarre-agarre con mis hermanos en los dos grandes patios, por lo cual nos subíamos a árboles frutales y nos metíamos al pozo, respondió.

Citar los frutales agolpa recuerdos en su memoria que la obligan a hacer pausa. Con voz entrecortada que poco a poco logra controlar, continúa: “Mi papá Ezequiel era dueño de la Quinta Belén, a donde se llegaba caminando o en carreta. Había mamey de santo domingo, chicozapote, mango de todo tipo, plátano, ciruela, guaya cubana, entre otras frutas que era exportada al extranjero”.

Pero no sólo disfrutábamos comiendo frutas —añade—, pues había un cenote con agua de color aguamarina donde remojábamos manos y pies, pues siempre estaba fría, y también nos entreteníamos viendo caballos, burros, gallinas de monte, pavos reales, conejos, armadillos y otros animales que tenía mi papá.

 

LA DOCENCIA

Ya casada, durante seis años trabajó de tiempo completo con su esposo en la secundaria de Balancán, Tabasco, tras impartir clases particulares en Mérida, Yucatán. “Desde 1964 vivimos en una casa ganadera, a una cuadra del parque. La gente nos llevaba obsequios tradicionales como leche de vaca pura, queso y carne fresca de  ganado”, comenta sonriente.

Regresó a Campeche porque sus dos hijas mayores terminaron la secundaria, y allá no había preparatoria. Quería que concluyeran una carrera profesional para que cuando se casaran se desarrollaran profesionalmente y tuvieran ingresos económicos propios.

Gracias a la trayectoria, amistades y al pariente Rafael Rodríguez Barrera(+), mi esposo obtuvo horas para impartir clases en varias secundarias y en la Universidad Autónoma de Campeche.

Era un ir y venir de una a otra de lunes a viernes. Sábados y  domingos íbamos con nuestros  hijos a la quinta “Caysa”, que compramos y en la cual cada uno de mis  hijos tenía su árbol, del cual cosechaban los frutos.

 

LA BODA TRIPLE

Risueña, cuenta que hubo una temporada en que aprovechaba excursiones grupales para viajar con su esposo al extranjero. Tres antes de ir a Europa, sus tres hijas mayores decidieron casarse el 4 de julio de 1980, a la misma hora y en la misma iglesia, lo que fue evento único en Campeche.

Algo curioso que ocurrió —continúa, y suelta la carcajada—, fue que durante la ceremonia mi yerno Fernando se desmayó tras escuchar de su tío y sacerdote Tomás Alberto Alba Hernández la pregunta: “¿Aceptas por esposa a Sonia?”. Un padrino que era doctor le quitó la corbata y le puso directo un ventilador. La misa continuó.

Días después varias amistades me recomendaron registrar el evento en el Libro de Récord Guinness, pero no lo hice.

Todos mis hijos e hijas se han casaron por las dos leyes, excepto Luis Alejandro y Andrea, quienes sólo firmaron el contrato civil.

 

EL LADO MUSICAL

Sonia Esther aborda también su contacto con el mundo de la música. “Antes de casarnos, mi esposo era músico y cantante, y mis cuatro hijos varones siguieron sus pasos al estudiar este arte y formar el grupo musical ‘Los Carlo’. Llegaron a comprar un tráiler en el que los fines de semana actuaban en bodas, 15 años y otros eventos tanto aquí como en Tabasco, Quintana Roo y Yucatán”.

En esta ciudad alternaron una vez con Margarita La Diosa de la Cumbia, en la Concha Acústica. El grupo ya no existe, aunque dos de sus integrantes tocan en la Banda de Música del Gobierno del Estado. Uno incluso estudió música en la Habana y toca también en el Ayuntamiento y Universidad Autónoma de Campeche.

 

ETAPAS DIFÍCILES

Al preguntarle cuáles han sido los momentos más difíciles de superar, baja la mirada unos instantes, al levantarla de nuevo recorre lentamente con la vista las paredes de la habitación principal de su casa, aspira y espira aire, une sus manos entrelazando los dedos y contesta:

“Tres muertes. La de un hijo de siete meses, la de una hija de 28 años a causa de una cirugía y la de su esposo en el Día del Padre, hace 19 años, víctima de infarto cardiorrespiratorio masivo”.

La última pregunta: ¿Cuáles son sus pasatiempos preferidos?

—Ir a la iglesia a escuchar misa, ir con algún hija o hijo al cine, a caminar o a cenar; viajar o pasar algunos días en la casa de algunos de ellas o ellos para ver a mis nietos y bisnietos.

Antes de despedirnos hace una petición: fotografiarla junto a su árbol de Navidad, a manera de mensaje de amor y paz a su familia y amigos, con los deseos de que el 2016 sea de felicidad, proyectos concretados y salud.

Blanca Gabriela Carlo Santos

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