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Se hicieron pasar por obreros y mataron a anciana de 80 años y a su hijo

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Ninfa Esther Agámez Trujillo, de 80 años, y su hijo Alfredo de Jesús Sarmiento Agámez, de 56, se convirtieron en víctimas los obreros que ellos mismos habían contratado para llevar a cabo ciertos arreglos en su casa.

El doble crimen ocurrió en Santa Marta y, de acuerdo con las primeras pesquisas de las autoridades, Ninfa y Alfredo fueron asesinados porque pusieron resistencia al hurto que planearon cometer los supuestos obreros. Ocurrió el miércoles 18 de enero en la manzana W casa 9 de la urbanización Villa Dania.

Tomaron cervezas

Los hombres habían sido contactados para pintar y arreglar la casa, se ganaron la confianza de los dueños de la casa y, luego de terminar la jornada de trabajo, incluso, todos departieron: tomaron cervezas desde la tarde y hasta la noche.

Al parecer, y de acuerdo a las hipótesis armadas de manera preliminar por peritos judiciales, los asesinos esperaron que la adulta mayor se acostara a descansar para iniciar con su ‘armado plan’.

Al evidenciar que todos los vecinos estaban con la puerta cerrada y nadie los podía detener, los homicidas procedieron a perpetrar el doble asesinato. Según las hipótesis, la primera persona que fue atacada con arma blanca, tipo cuchillo, fue Alfredo Agámez, luego, los desconocidos procedieron a acabar con la vida de la señora Ninfa Agámez.

Logrado su cometido, según los investigadores judiciales, los individuos ‘revolvieron’ todo el inmueble y se llevaron objetos de valor en diferentes bolsos, los cuales dejaron abandonados en el barrio Timayuí, sector aledaño a la urbanización Villa Dania.

Los cadáveres quedaron en el piso de una de las habitaciones. El hombre estaba boca arriba, sin camisa y con su rostro cubierto con sabanas color blanco, mientras su madre estaba a otro costado.

Un bolso fue pieza clave para encontrar los dos cuerpos sin vida de madre e hijo al interior de una vivienda ubicada en el barrio Villa Dania.

De acuerdo con los detalles que reveló la coronel Adriana Gisela Paz Fernández, vigilantes informales encontraron el morral en inmediaciones del barrio Timayuí y de inmediato dieron aviso a las unidades de vigilancia por cuadrantes.

Se supo que el maletín fue inspeccionado y al encontrar un papel con la dirección de un inmueble, los agentes se dirigieron hasta allí con la intención de devolverlo.

Sin embargo, después de tocar por más de 30 minutos y al no encontrar respuesta alguna, teniendo en cuenta que los vecinos manifestaban que las víctimas se encontraban allí, procedieron a forzar la puerta principal, topándose con la dantesca escena de los cuerpos que yacían en el piso con heridas producidas con arma blanca.

Habían intentado limpiar la escena

Los homicidas habrían intentado limpiar la escena del crimen con un trapero, pero, al parecer, prefirieron abandonar el inmueble y dejar los cuerpos sumergidos en un charco de sangre.