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Boleador, oficio que se niega a morir

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Boleadores solicitaron que el 23 de julio sea declarado el “Día del aseador de calzado”, un oficio que se niega a desaparecer en Mérida.

La iniciativa resurgió hace unos días, luego de la caída de un árbol en la Plaza Grande sobre la silla de Antonio Pratz González, quien prácticamente volvió a nacer, pues quedó en medio del arbusto.

Anteayer, autoridades municipales le obsequiaron una silla nueva al señor Francisco y en ese marco se hizo de nuevo la solicitud de reconocimiento a los boleros.

“Trato de mantener un sindicato que está desapareciendo, queremos que la Unión de Aseadores quede declarado el 23 de julio”, declaró Francisco Sáenz Catzín, secretario general de los Aseadores de Calzado de Mérida.

Un servidor tiene 54 años de bolero, continuó, entonces yo he conocido a grandes personalidades y no se acuerdan de nosotros después, lo que trato de hacer es que no se olviden de nosotros, que sepan que sí existimos.

Los boleadores también solicitan uniformes nuevos, despensas y de ser posible facilidades para adquirir nuevas sillas, pues las que actualmente utilizan se encuentran desgastadas.

“Los compañeros necesitamos el apoyo para remodelar nuestro equipo, ya están antiguos, ya tienen de 15 a 20 años”, indicó.

El aseo de calzado tiene un costo de 30 pesos en zapatos en general, aunque con las botas varía de acuerdo al tamaño y modelo.

Pese a que reconocen que la tradición está desapareciendo, todavía hay gente que gusta de este servicio y por ello insisten en ser reconocidos, pero sobre todo recordados.

Actualmente, 30 aseadores integran la agrupación y otros cinco laboran de manera independiente.

El tiempo de limpieza dura entre 15 y 20 minutos, se señaló.

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