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Cocinera tradicional superó malos tratos

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Los malos tratos que sufrió en su niñez no le impidieron a Juana Bravo Lázaro convertirse en una de las cocineras tradicionales más reconocidas del mundo, promotora de la gastronomía mexicana.

Originaria de Angahuan, Michoacán, Juana ha viajado por diversos países como Canadá y Francia, orgullosa de sus raíces indígenas, siempre enarbolando la comida del país y brindando sus conocimientos empíricos.

“Yo crecí en medio de la violencia, por eso hablo de la violencia. Yo no sabía con quién quedar bien, si con mi papá o con mi mamá. Éramos seis hermanos sin saber por dónde irse, sin tener comida, porque mi papá gastaba todo en la borrachera, mientras mi mamá enojada en otro lugar”, recordó.

“Nunca agarré un lápiz para estudiar, ni gasté una hoja de cuaderno para estudiar”.

Ahora estoy dando clases para pan natural, de la nixtamalización de los guisados”, continuó.

Entrevistada al terminar su participación en la Segunda Plenaria “Cultura Originaria y Paz Regional”, junto a activistas como la guatemalteca Rigoberta Menchú Tum, en el marco de la edición número 17 de la Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz que concluyó en Mérida el pasado sábado 21, Juana, viuda desde los 36 años, y quien hoy ya cuenta con 60 años, platicó cómo desde su fogón ha impulsado el diálogo familiar y el rescate de los valores.

“Yo hablo con mis hijas, tengo tres hijas a quienes les digo lo bueno y lo malo. Ojalá que todas entendieran eso, los consejos que salen de nuestros hogares”, resaltó.

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