Tribuna Campeche

Diario Independiente

De política… y cosas peores: Claudia es reelegir a AMLO

Catón

La elección de Claudia Sheinbaum sería la reelección de López Obrador. Ese convencimiento abrigaba yo pese al intenso calor de las últimas semanas, y se fortaleció con la visita que la corcholata de AMLO hizo a Saltillo. Ahí reiteró su incondicional apego al soberano y su determinación de continuar la obra de la 4T, o sea de continuar la destrucción de México. Desconfío grandemente de dicha señora. Me preocupa la enorme cantidad de recursos que gasta en su campaña por la Presidencia que no es campaña por la Presidencia. Tal dispendio hace pensar que tras ella están grandes capitales interesados en ganar el control de un país como México, con tantos recursos naturales y tan atractivas oportunidades de negocio. Jamás había yo visto una campaña tan intensa y tan costosa como ésta. Hasta en pequeñas comunidades campesinas de Coahuila aparece la propaganda de la señora Sheinbaum. Recuerdo a este propósito el tiempo cuando para ver la tele debías poner en la azotea de tu casa una antena de las llamadas parabólicas, de tamaño grande y forma circular. Dejaron de usarse, y un vecino quitó la suya y la dejó provisionalmente en el jardín. Pasó por ahí un borrachito, vio la antena en el suelo y exclamó asombrado: “¡Uta! Si así está el plato ¡cómo estará el perro!”. De igual manera, si Claudia Sheinbaum está gastando tanto en esta que se supone campaña interna de Morena, ¿cuánto gastará si logra obtener la candidatura de Morena a la Presidencia de la República? Con un INE cuya dirigencia se ve ahora claramente —y oscuramente— inclinada a favorecer la causa morenista, se advierte la necesidad de que la oposición se una para evitar que AMLO perpetúe su poder a través de interpósita persona y siga haciendo daño a este país, ya tan dañado por cinco años de demagogia populista, de absolutismo despótico y de ineficiencia en el ejercicio del poder… Glafira, muchacha en edad de merecer, iba a salir. Don Poseidón, su padre, le ordenó en tono imperativo: “Te quiero en la casa antes de las 12 de la noche”. Pero, papá —protestó la chica—. Ya no soy una niña”. Acotó don Poseidón: “Precisamente por eso te quiero en la casa antes de las 12 de la noche”… Dos toros estaban en el campo. Era invierno, y soplaba un viento gélido. Dijo uno: “Quisiera tener un jersey”. El otro dijo: “Yo quisiera tener una Jersey”. (Un jersey, define el lexicón de la Academia, es una prenda de abrigo tejida, de mangas largas, que cubre desde el cuello hasta la cintura. La Jersey es una vaca de color marrón perteneciente a una raza bovina originaria de esa isla en el Canal de la Mancha. Si yo fuera toro preferiría por mucho una Jersey a un jersey. Se me hace que calienta más. En cuanto a la raza humana, un travieso dicho popular avisa a las mujeres: “Más calienta un muslo de varón que 5 kilos de carbón”)… Babalucas le anunció a la linda Rosibel: “Si no correspondes a mi loco amor me arrojaré ahora mismo por la ventana”. Ella se rio: “Nos hallamos en el primer piso. La ventana está a un metro de altura”. Declaró Babalucas: “Me arrojaré 20 veces”… (Reza otra sentencia de pueblo: “No hay pendejo que no sea terco”)… En la cama, el Lobo Feroz le confesó a la linda Caperucita Roja: “No lo niego: alguna vez tuve la intención de comerte. Pero luego creciste y.”… Un hombre se levantó de su asiento en el jet y tomó por el cuello a la bella azafata. La amenazó con ahorcarla si no hacía que el piloto desviara el avión para llevarlo a cierto país comunista. La chica le dijo algo, y de inmediato el sujeto la soltó. La azafata explicó luego: “Le dije: ‘Si me matas, tú tendrás que hacerles al piloto y al copiloto lo que les hago yo’”. FIN.

Mirador

Armando Fuentes Aguirre

Hace meses no llueve.
Dios se ha olvidado de que el Potrero existe, y la gente del Potrero se está olvidando de que existe Dios.
En la cocina de la casa grande las tertulias de la noche se entristecen. A doña Rosa le disgusta la tristeza. Suele decir: “Contra tristeza, trabajo”. Anoche alegró la reunión con una anécdota de don Abundio, su marido:
—Se asoció con el compadre Fico (“Fico” es el diminutivo de Pacífico) y le compraron a don Leandro 50 calabazas de Castilla a un tostón cada una. En la carreta del compadre las llevaron a La Ciénega, y las vendieron cada una al precio de costo, un tostón, para venderlas pronto. Al final se encontraron con que no habían ganado nada. Le dijo Abundio a Fico:
—Debimos haber traído más calabazas. Y una carreta más grande.
Reímos todos, y don Abundio se molesta. Dice:
—Vieja habladora.
Doña Rosa figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se la lleva a los labios y jura:
—Por ésta.
¡Hasta mañana!…

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