La intolerancia, la represión y las amenazas parecen políticas públicas de estos gobiernos cuatroteístas que han resultado verdaderamente decepcionantes…
“Yo soy la autoridad y se me respeta”, escribió en sus redes sociales de manera amenazante la presidenta municipal guinda de la Playa de las Ceibas, al advertir que si descubre que algún empleado de la Comuna que ella encabeza se burla de ella, “habrá repercusiones”, narró preocupado el poeta Casimiro a sus amigos de tertulia.
—Que no te sorprenda esa postura, recomendó don Memín, porque es la que se he generalizado en todo el país, y mucho más en el reino de la Culebra y la Garrapata donde la senecta gobernanta recurre a los órganos de impartición de justicia para ajusticiar a sus adversarios políticos, a los periodistas críticos y a los ciudadanos que le lleven la contraria.
—Yo no sé qué tiene el poder político, cuestionó doña Chela, que convierte en energúmenos a quienes —mujeres y hombres— durante la campaña son dechado de humildad, sencillez y espíritu de servicio. Apenas llegan al poder se transforman en opresores, represores, acosadores y corruptos.
—Y lo peor es que se enojan si les dicen sus verdades, complementó don Julián. Tanto que lucharon cientos de mujeres por la equidad de género, por abrirles espacios en los cargos públicos, para que apenas llegando al poder inventen atrocidades como “delito de odio” o “violencia política en razón de género” para impedir que se les señalen sus yerros, tropelías y corruptelas. ¿Para eso querían el poder? ¿Para lanzarse contra el pueblo?, cuestionó.
—Podría parecer un caso aislado, a lo mejor un exabrupto por parte de la alcaldesa de un pueblo risueño y romántico como la Playa de las Ceibas, pero lamentablemente, apuntó el poeta Casimiro, ya la intolerancia, la represión y las amenazas parecen políticas públicas de estos gobiernos cuatroteístas que han resultado verdaderamente decepcionantes, acotó.
—Tendrán que hacer ciudades-cárceles para arrestar y encerrar a quienes están en la disidencia, en la resistencia o en la insurgencia, pero es imposible acallar la inconformidad popular ante tantas barbaridades del Gobierno de la ancianita, observó don Memín.
—Tontos son los que creen que el pueblo es tonto, señaló doña Chela, parodiando al viejo Peje, “pero lo que veo en nuestra tierra ya no son tonterías sino gigantescas estupideces”, lamentó.


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