Tribuna Campeche

Diario Independiente

De política… y cosas peores: El peor error de los salientes

Catón

“A estas alturas del partido”. Esa frase se ha empleado comúnmente para decir algo así como: “según están las cosas” o alguna expresión semejante. En tratándose del PRI se diría con mayor propiedad: “A estas bajuras del partido”. Aplanado se encuentra el que ayer fue aplanadora; agónico y cadavérico el que por más de 70 años señoreó a este país. Salirse de él, entonces, como lo hicieron los priístas que dejaron de serlo, es como salirse de una tumba o un ataúd. ¿A dónde irán ahora los disidentes?, me pregunto. No es que me interese su destino. De hecho me importa un bledo lo que hagan o dejen de hacer. (Seguramente tampoco a ninguno de ellos le importa un bledo lo que yo deje de hacer o haga). Sólo diré que el peor error que cualquiera de los salientes podría cometer sería pretender entrar a Morena. Mal se verían los solicitantes, y peor quienes los recibieran. Desde luego prácticamente todos los morenistas fueron antes priístas, pero saltaron del viejo tren a tiempo. Ahora que el nuevo ha cobrado velocidad será difícil que trepen a él los que tardaron en darse cuenta de que hoy por hoy su partido va en una carroza funeraria, que cae de bache en bache, vale decir de derrota en derrota, camino de su sepultura. Si el PRI ganó en Coahuila eso se debió a que el Estado ha tenido un buen gobierno en estos últimos cinco años, y a que la alianza opositora de Morena presentó un excelente candidato. En casi todo el resto del país el tricolor está literalmente borrado del mapa, y de seguro ya no es ni siquiera la tercera fuerza política del país, sino la cuarta. Es una pena, porque hay priístas de calidad, mujeres y hombres, que prestigiarían al PRI si no lo desprestigiara la ambiciosa e ineficiente cúpula que se ha apoderado del partido. En fin, tiempo es ya de que el otrora partidazo tome lecciones del Partido Verde y el PT a fin de aprender de ellos cómo venderse en las mejores condiciones posibles… Un tipo le contó a otro: “Por fin mi esposa y yo empezamos a disfrutar la cama”. “¿De veras?” —se interesó el otro. “Sí —confirmó el marido—. Pusimos una tele grande en la recámara”. (Dicen los italianos: Tele e letto, matrimonio perfetto)… Alguien le preguntó a la joven y linda Susiflor cómo es que andaba saliendo con un hombre entrado en años, de aspecto desagradable y antipático. Explicó ella: “Tiene varias cualidades que me gustan: una cadena de hoteles de lujo; un yate; un jet privado; un departamento en Nueva York y otro en París; un viñedo en la Toscana.”… Eran dos hermanas gemelas, Neila y Naila. Se llegó el dia en que Neila se iba a casar. Le comentó a su hermana: “Me tiemblan las piernas”. Acotó Naila: “También nosotras temblaríamos si nos fueran a separar”… Don Martiriano, empleado de don Algón, le dijo: “Mi esposa pasará unos días en casa de su madre, y quiere que yo la acompañe a la ciudad donde vive mi suegra. ¿Me da permiso de faltar esos días?”. Con laconismo empresarial le contestó don Algón: “No”, “¡Gracias, jefe! —le estrechó las manos don Martiriano, conmovido—. ¡Ya sabía yo que no me iba usted a fallar!”… ¿Qué edad tendría el novio? 70 años, quizá, o 75. En la noche de sus bodas se veía flácido, lánguido y raquítico, abatido en la parte que más iba a requerir para hacer frente a la ocasión. ¿Y la novia? Estaba en plenitud de vida, pimpante, rozagante, exuberante, y era dueña de potente grupa, venusinos muslos y mayestático tetamen. Al empezar el trance connubial él le hizo una pregunta de marcado tinte machista: “¿Eres virgen?”. “No —respondió ella lisa y llanamente—. Pero creo que esta noche voy a tener que hacer un milagro”. FIN.

Tan libres

Mirador

Armando Fuentes Aguirre

El padre Soárez charlaba con el Cristo de su iglesia. Le dijo preocupado:
—Señor: te noto triste.
—Lo estoy —replicó él.
—¿Por qué? —quiso saber el Padre Soárez.
Respondió el Cristo:
—Veo que hay demasiadas iglesias cristianas, y muy pocos cristianos. El domingo algunos se acuerdan de mí, pero el resto de la semana la mayoría me olvida. Muchos van a los oficios por rutina, o por obligación. Yo quisiera que fueran por fe, y sobre todo por amor. Amor a mí, que soy el Amor, pero reflejando ese amor a su prójimo en acciones de bien y de bondad. Es hermoso decirme: “Padre nuestro que estás en los cielos.”; pero igualmente bello sería decir: “Hermano mío que estás en la tierra.”.
—Señor —le dijo el padre Soárez-. A veces no te entiendo.
—Lo sé —contestó el Cristo—. También a ti te falta ser cristiano.
¡Hasta mañana!…

Manganitas

AFA

“…Santiago Creel se
inscribe en la carrera
por la Presidencia…”.

Esta fuera de lugar
la mencionada inscripción.
Lo que hará con esa acción
será tan sólo estorbar.

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