Tribuna Campeche

Diario Independiente

Gobierno violento

Estamos padeciendo de dos tipos de violencia: la de los delincuentes y carteles, con sus asaltos, ejecuciones y muertes, y la institucional, que es la que proviene de la nefasta y perversa gobernanta…

“Es lamentable que siga habiendo violencia institucional, lo que debe preocupar y ocupar, y esperemos en Dios que al inhibir la impunidad se pueda ir creciendo en civilidad” manifestó don Francisco, no el papa argentino, sino el obispo que en breve subirá de jerarquía, para asumir el Arzobispado de Chiapas.

—-Perdone mi ‘indiorancia’, comentó socarronamente don Memín, el rechoncho bolero del Parque Principal, pero no me queda claro qué es eso de la ‘violencia institucional’, ¿podría usted ilustrarme, respetado y admirado poeta Casimiro?”

—Con gusto, le respondió el vate santanero, y de acuerdo con la enciclopedia, la violencia institucional “se refiere a los actos u omisiones de servidores públicos que discriminan o impiden el acceso a los derechos humanos. Se caracteriza por el uso del poder estatal para causar daño, a menudo enmascarado en normas, prácticas y procedimientos aparentemente legítimos. Esta forma de violencia puede manifestarse en diversas áreas, como la justicia, la protección de derechos de las mujeres, la atención a víctimas de violencia, y la falta de respuesta a las necesidades de grupos vulnerables”.

—¡Jesús bendito! Exclamó doña Chela, se oye feo eso de que “usan el poder estatal para causar daño, a menudo enmascarado en normas, prácticas, y procedimientos aparentemente legítimos”, ¡ese es un retrato  fiel de todo lo que está haciendo el Gobierno de la Tía Rata!”, complementó.

—En efecto, coincidió con su proverbial seriedad don Julián. Estamos padeciendo de dos tipos de violencia, la de los delincuentes y carteles, con sus asaltos, ejecuciones y muertes, y la institucional que es la que proviene de la nefasta y perversa gobernanta, al abusar de su poder en contra de los ciudadanos, de sus adversarios políticos y de los periodistas críticos. Como certeramente señala don Francisco, disfrazan sus abusos, excesos y represiones cual si fueran procedimientos legítimos, pero todos sabemos que obedecen a sus enfermizos deseos de venganza”.

—Lo que me llama la atención, observó el poeta, es la fuerte denuncia de este valiente obispo, utilizando para ello palabras suaves. Acusa al Gobierno de ser violento, y lo complementa diciendo: “esperemos en Dios que al inhibir la impunidad se pueda ir creciendo en civilidad…” Y yo pregunto: ¿qué es eso de inhibir la impunidad? ¿Acaso el prelado también está pidiendo cesar a la Momia Guanajuatense?”, interrogó.

Doña Chela se santiguó en siete ocasiones para alejarse de las malas vibras y se sumó al clamor del próximo arzobispo de Chiapas: “esperemos en Dios que se acabe la impunidad de las comadres momias, del Tarado sin Cerebro, de su comadre Juana la Loca, la desviadita tabasqueña, y de todos los que le han causado daño a nuestro muy querido reino de la Culebra y la Garrapata” imploró.

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