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¿Categoría inferior?

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VÍCTOR COLLÍ EK

DERECHOS DE LOS ANIMALES

¡No al maltrato animal! Eso fue lo que me sugirió mi hija cuando le pregunté cómo empezaría un artículo sobre los derechos de los animales. Estábamos platicando sobre una foto, cuyo origen era el Día Internacional del Perro. Ahora bien, ¿cómo afrontar esa afirmación inicial? ¿Cómo evitar dañar a los animales en general?

Alrededor del tiempo, muchos grandes pensadores se han referido a ellos como una categoría inferior, como una propiedad. Descartes, diría que la falta de razón los convierte en autómatas. Kant, afirmaría que no son conscientes y por tanto son medios para fines, en este caso para los humanos. Pero igual hay quien ha afirmado contrariamente. Hume, pensó encontrar evidencia de que están capacitados para pensar y razonar. Bentham, se atrevió a preguntarse no ya sobre si pueden hablar, razonar, sino sufrir.

Existen diversas aproximaciones a lo que se ha llamado derechos de los animales. En primer lugar, aquellas que los categorizan frente al marco jurídico como una propiedad, como personas legales, o como la más reciente publicación de la profesora de la University of Victoria, Maneesha Deckalos, que califica como: “Animals as legal beings”, como “animales no humanos”.

Tratarlos como una propiedad es claramente evidente un problema, ya que los hace dependientes de la voluntad y la racionalidad humana; esto es, los antropomorfiza, con las claras consecuencias negativas que esto tiene a nivel ya no solo animal, sino planetario. ¿Cuál es el problema de mantener a los animales dentro de la categoría de propiedad? Expresa una relación social de subordinación, de dominación, los vuelve objetos y explotables en consecuencia. Los torna en recursos para los humanos.

¿Cuál es el inconveniente de la personalidad como estatus legal y por qué tampoco es viable? Si consideramos que bajo esta categoría se le han dotado de ciertos derechos a entidades no humanas, como las corporaciones o las personas morales, parecería ser una categoría que pudiera ser aplicable para los animales.

Pero hay un problema al identificar a los animales con el atributo de la personalidad. Este concepto es muy vago y multisignificativo. La profesora Decka tiene razón al identificar a la personalidad como una reliquia demasiado individualista y racionalista, es un legalismo liberal que no es amigable con la categoría animal.

En primer lugar, es un concepto no definido que puede tener diferentes significados. Puede tener el significado de un concepto que está dirigido especialmente a los humanos, centrado en ellos, en un subrayo casi sagrado. Igualmente puede ser un depósito vacío que es llenado en los casos concretos, por ejemplo, por los jueces al referirse a las corporaciones y dotarles de este significado. Hay un tercer significado racionalista, que puede ser aplicado a ciertos tipos de humanos, los tipos paradigmáticos de humanos, fundamentados especialmente en su capacidad racional.

Como se puede ver, en la interrelación de los diferentes significados de la personalidad, emerge la idea de que la humanidad se distingue precisamente de la animalidad, y por ello tampoco es amigable con la categoría animal.

¿Se podría pensar una mejor categoría? La profesora Decka desarrolla en su interesante libro un concepto diferente, los animales como “seres legales”, los animales como seres encarnados, relacionales y vulnerables.

La defensa de esta afirmación, es que al ser encarnados se puede interferir con su cuerpo, tanto física como sicológicamente. Aquí se comprende el que sean seres sintientes, pero esto no es esencial para su reconocimiento de seres legales. Relacionales significa que forman familias, tienen círculos de interacción, y por la acción humana pueden ser extraídos de ahí, como por ejemplo las empresas cosméticas. Ambas dimensiones los convierte en vulnerables, y los seres humanos debe responder a esa vulnerabilidad.

Lo significativo de entender esta idea de los animales como “seres legales”, es marcar una diferencia clara con los seres humanos. Concebirlos y comprenderlos desde su identidad es la vía para reconocerlos auténticamente, y no pretender hacer más una analogía a la humanidad, porque desde esto último seguirán siendo considerados inferiores y dar paso a maltratarlos.

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