Tribuna Campeche

Diario Independiente

De política… y cosas peores: Sangre escocesa por sus venas

Catón

“Sé que te acuestas con mis amigos —le reclamó don Cucoldo a su mujer—. Con Pitoncio, con Glandulfo, con Pijarro, con Balanio y con Faunol”. “¿Qué te has creído? —se enojó la mujer—. ¿Acaso no tengo yo mis propios amigos?”… En la merienda de los jueves doña Chalina hizo algo que jamás hacía: habló bien de su marido. Dijo de él que no era fantasioso; que poseía un gran sentido de la realidad. Manifestó, orgullosa: “Jamás despega los pies de la tierra”. Preguntó con interés una de las señoras: “¿Y cómo le hace pa’ ponerse los calzones?”… El hijo mayor de don Crésido, dineroso señor, era un playboy, si me es permitido el anglicismo. Traía coches de lujo, bebía como cosaco y andaba con mujeres que se maquillaban, se vestían y se comportaban como mujeres de la vida alegre, quizá porque eran mujeres de la vida alegre. No trabajaba, pues tenía la equivocada idea de que eso de trabajar no era para él, sino sólo para los mortales comunes y corrientes. Mucho bien le habría hecho conocer las coplas que escribió el gran poeta español Jorge Manrique con motivo de la muerte de su padre: “Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir. / Allí van los señoríos / derechos a se acabar / y consumir. / Allí los ríos caudales, / allí los otros medianos / y más chicos. / Allegados son iguales / los que viven por sus manos / y los ricos”. Coplas de pie quebrado se llaman ésas, por la cortedad del tercer verso que a los dos anteriores sigue. Se dice que con ellas Manrique quiso imitar el tañer de las campanas, que cuando doblaban a muerto lo hacían con dos repiques largos y uno corto, el cual se daba golpeando la campana con el badajo, pero sin despegarlo de ella. Advierto sin embargo que estoy divagando, como hago siempre. Si otra fuera la naturaleza de este artículo diría que toda mi vida ha sido una divagación. Vuelvo a mi historia, pues… Garleto, el hijo mayor de don Crésido, hombre de fortuna, les comentó a sus amigos: “Mi padre me ofreció que si dejo mis malos hábitos me dará un millón de pesos. Pero si dejo mis malos hábitos ¿pa’ qué chingaos quiero un millón de pesos?”… Declaró don Pedalio: “Por mis venas corre sangre escocesa”. Preguntó alguien: “¿Por parte de padre o por parte de madre?”. “No —replicó don Pedalio—. Por parte de whisky”… Lacivio era un ass man. Tal es el nombre que en el argot vulgar americano se da al hombre que siente atracción particular por el caderamen de las damas. El tit man prefiere más bien el busto femenino. El tal Lacivio le comentó a un amigo: “Me gustan las mujeres con muchas pompas”. Acotó el otro: “Yo me conformo con que tengan dos”… Ya conocemos a Capronio. Es un sujeto ruin y desconsiderado. Andaba de viaje. Su esposa lo llamó por teléfono y le dijo: “Estoy en cama con un resfriado tremendo. Se lo contagié a mi mamá, y ella también está encamada”. Dijo Capronio: “Bueno, dentro de lo malo”… Babalucas le propuso matrimonio a Harlota, de quien estaba ciegamente enamorado. Ella rechazó de plano la proposición. Manifestó: “No te conviene casarte conmigo, Baba. Soy ninfómana”. Replicó el badulaque: “No me importan tus hobbies; lo único que te pido es que me seas fiel”… Un tipo le contó a otro: “Mi caballo es un prodigio. Repara”. Dijo el otro: “Todos los caballos reparan”. Preguntó el primero: “¿Computadoras?”… Al día siguiente de la noche de bodas el novio salió del baño cubierto sólo por una toalla que dejó caer para vestirse. Lo vio su desposada, ingenua y candorosa joven, y profirió afligida: “¡Ay! ¡Anoche nos la acabamos toda!”. FIN.

Justicia con y sin Zaldívar

Luy

Mirador: Historias de la creación del mundo

Armando Fuentes Aguirre

El Señor hizo a la mujer.
¡Qué hermosa le salió esa criatura!
Su cuerpo era resumen de todas las armonías. En su rostro se hallaban todas las bellezas. Sus ojos, negros como la noche y sugestivos como ella, tenían el cintilar de las estrellas. En sus labios había promesas no sabidas, y uno solo de sus cabellos habría bastado para atar todas las voluntades.
No había duda: la mujer era la obra maestra de la creación.
El Señor la vio y le comentó al Espíritu:
—Qué lástima que yo sea quien soy. Veo a la mujer y envidio al hombre.

¡Hasta mañana!…

Manganitas

AFA

“…Escasean las medicinas…”.

Es tan grande el desgarriate
que en ese renglón tenemos,
que al rato nos curaremos
con cenizo e ixtafiate.

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