La izquierda enfrenta una crisis de congruencia al reproducir prácticas que históricamente combatió, pese a haberse presentado como un proyecto de transformación ética y social. Los principios de austeridad, transparencia y defensa de los sectores marginados contrastan hoy con señalamientos de enriquecimiento ilícito, contratos a personas cercanas al poder y falta de claridad en obras públicas, lo que evidencia una ruptura entre el discurso y la realidad.
A ello se suma el debilitamiento de la libertad de expresión y de los contrapesos democráticos, como muestra el caso de #Campeche, donde un periodista enfrenta un proceso penal tras criticar al gobierno estatal. Estas acciones, consideradas por especialistas como censura, reflejan una tendencia a concentrar el poder y descalificar la crítica, ampliando la distancia entre el ideal democrático de la izquierda y su práctica en el ejercicio gubernamental.


Coincido totalmente, la izquierda actual es un movimiento retrograda, que lejos de buscar avanzar bajo los principios de la democracia, lucha contra los pilares mismos de esta, tales como la rendición de cuentas y la transparencia, y busca acallar todo medio que la cuestione, ya sea mediante ataques en medios, redes sociales o ahora a través de los juzgados, basándose en absurdos tales “incitación al odio y la violencia” , que se le están imputando al periodista González Valdez, ¿desde cuándo solicitar la rendición de cuentas es una incitación al odio?; creo que a partir de personajes tan indeseables como Layda Sensores llegaron a la política y al poder, me queda claro que democracia y rendición de cuentas en una piedra en el zapato para la Layda Sensores y la izquierda al día de hoy.