Tribuna Campeche

Diario Independiente

Layda farisea

Sorprende que se haya querido congraciar de alguna manera, con los católicos campechanos, a los que ha tratado literalmente con la punta del pie a lo largo de su Gobierno…

Llamó la atención la publicación en sus redes sociales, donde la gobernadora Layda Sansores externó sus condolencias tras la muerte de monseñor Jorge Mario Bergoglio, quien ejerció su pontificado con el nombre del Papa Francisco.

No hubiera pasado nada si la mandataria campechana no hubiera hecho pública “la tristeza” que le generó la partida del pontífice argentino. En este mundo globalizado, la trascendencia de lo que sienta la gobernadora de Campeche respecto a la muerte del Papa, es sinceramente nula.

Pero sí sorprende que se haya querido congraciar, de alguna manera, con los católicos campechanos, a los que ha tratado literalmente con la punta del pie a lo largo de su Gobierno y a quienes le clavó una dolorosa corona de espinas con la aprobación de la despenalización del aborto.

Secuestrada eternamente por sus rencores, fobias, complejos y traumas, los cuales jamás ha podido superar pese a las decenas de terapias a que se sometió y a que terminó estudiando psicología para ver si así lograba entenderse ella misma, Layda Elena nunca de los nuncas le perdonará “a la Iglesia Católica” que haya cerrado las puertas de Catedral, durante la represión del 19 de octubre de 1997.

Aún más, sostiene que los propios curas entregaron a los manifestantes a la policía, y se pusieron del lado del “Gobierno espurio” que, según ella, la despojó del triunfo en esa histórica y polémica elección.

Como gobernadora le tocó tener como obispo al jalisciense José Francisco González González, pero nunca fluyó entre ambos una relación que pudiera decirse cordial o por lo menos cercana. 

A ella no le interesó establecer nexos con los grupos católicos —pese a que usó a muchos de ellos para obtener sus votos— y no le dolió en absoluto el maltrato que sufrieron de los diputados morenistas, en especial del fanático Héctor Malavé, ni que los traicionara con la despenalización del aborto.

Puede afirmarse que en estos momentos, el voto católico en Campeche es antimorenista, y por eso es que a la nefasta gobernadora le convino que se trasladara a monseñor González González a la Arquidiócesis de Chiapas. Seguramente esperará a saber quién será designado como nuevo obispo de Campeche para, como buena farisea,  iniciar un cortejo plenamente sustentado en fines político-electorales.

No es que le interese la reconciliación, pues las convicciones religiosas de la mandataria son contrarias a las creencias evangélicas. Es que ya está llegando el tiempo de los votos, y le importa sumar todo lo que se pueda, aunque después los traicione. Habrá que ver si la feligresía campechana no pierde la memoria.

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